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¿Te vienes a un día con piragua?

Posted by: tierrabe Posted on: 28 febrero, 2019

¿Te vienes a un día con piragua?

Dicen que montar en bicicleta no se olvida. Pues eso mismo pensé intentando meterme después de 30 años en una piragua. De niños los veranos siempre teníamos la ocasión de montar en piragua para pasar horas por lagos y ríos. Cargado de bonitos recuerdos e impaciente por encontrarme yo solo navegando con la piragua, me aguanté decirle a la encargada de instruirme con la embarcación, que me pude dejar a mi aire, que sabía montar en piragua. Menos mal. No estoy seguro si sin su ayuda no me hubiera tomado ya el primer baño del día. Ahora ya recuerdo como poner el pie y como mantenerme a mí y la piragua en equilibrio.

Hoy en día cambian algunas cosas respecto a las piraguas, pero la naturaleza no ha cambiado desde entonces, o tan poco, que aquí donde me encuentro prácticamente no se nota. El agua sigue estando igual de transparente, las plantas acuáticas igual de bonitas y la fauna tan diversa como en aquellos años cuando mi padre se empeñaba en que me gustaba hacer fotos a las aves acuáticas a las cinco de la madrugada.

 

La chica le dio un pequeño empujón a la proa de la piragua y despacito y en silencio dejé que yo y la barca nos separábamos de la orilla. De inmediato me envolvió la tranquilidad y serenidad del agua. Comprobé si los pedales del timón estaban correctamente ayustados y hundí  la pala en el agua. Que gozada, sentí  que casi no tenía que hacer esfuerzo para que la piragua empezara a deslizarse sobre el agua. Era estrecha y roja, más estable que esperaba. Me daba seguridad. Mis cosas que no se deberían mojar las tenía guardado en la popa dentro de un pequeño recipiente.

 

Mi mirada se dirigía más hacía el horizonte. Delante de mí un lago grande, sus orillas poblaban zonas de bosques o de caña y a mi izquierda, un poco más adelante, una pequeña playa. Veía niños jugando en el agua, gritando alegres, salpicando a sus madres que estaban sentadas en la hierba, charlando y disfrutando del sol y del rato libre. Que idílico, parecía un anuncio televisivo de un mundo perfecto. No me hubiera extrañado si ahora mismo se rompiera el silencio por un altavoz, gritando “escena baño…..toma 1”.

¡Pero no! Se mantenía esta maravillosa imagen de un lugar intacto. Tal como debería ser para disfrutar de un paseo en piragua. Aunque, mi idea no era un paseo.

Llevaba dos tardes ya estudiando mapas del lugar y sabía que me esperaban kilómetros por lagos, rio y canales. Aquí casi todos los lagos tienen conexión entre si y en su totalidad son navegables con una piragua.

También había una esclusa por el recorrido y si quería llegar a la hora de apertura de la misma me tenía que despedir de esta maravillosa vista del lago y dirigir la piragua hacia el canal que me llevaría hacía el siguiente lago.

Pronto alcancé el puente de la carretera, a partir de ahí el rio Rhin se convierte en un canal que atraviesa los jardines traseros de las casas de Altruppin. La mayoría de ellos parecen competir cual es el más hermoso.

 

Praderas verdes y cuidadas,  jardineras rebosantes de flores, pequeños cenadores, emparrados y casetas. Cada jardín con su embarcadero y la gente saludando amablemente.

¡Qué paz y que lugar más idílico!

 

 

 

 

 

 

 

Un poco después de dejar los patios traseros de las casas de Altruppin ya aparece la esclusa delante de la proa de la piragua. Muy pronto he llegado y así decido, para no esperar,  hacer uso de una rampa que hay instalada expresamente para embarcaciones pequeñas. Un carrito con ruedas sobre unos railes hace fácil el transportar la piragua hacia el embarcadero al otro lado de la esclusa.

 

Otra vez surcando el agua me recibe un pequeño lago, largas zonas de orilla con caña abrigados por espeso bosque por un lado. En el otro, a mi izquierda, casitas de fin de semana con jardines no menos arreglados que los de Altruppin. Algunas partes del lago cerca de la orilla están cubiertas por nenúfares. Sus flores amarillas y blancas alegran la vista.

Antes de que el Rhin sale del lago y me lleva al siguiente descubro  una playita pública, quizás para tomar un baño a la vuelta. En el tramo entre los dos lagos se encuentra un idílico pueblo. Molchow, de típicas casas de ladrillo rojo y rodeado de bosque. Un puente viejo de madera cruza el rio.

Después del siguiente lago y otro pequeño tramo de rio entro en el Zermützelsee. Un lago más grande que los dos anteriores y donde quiero parar a descansar y comer. Y para ello nada mejor que el restaurante Waldschenke, situado en la misma orilla del lago al lado de un camping . Tiene una decoración sorprendente, creada por la dueña misma, una verdadera artista.

 

 

Después de una comida y cervecita bien rica terminé el descanso con un café.  Casi sobra apuntar que el café en España es otra cosa, lo menciono para que nadie se haga ilusiones.

Así con las pilas cargadas me dirijo con la piragua hacía la parte opuesta del lago para entrar otra vez en el Rhin. Aquí las orillas boscosas dan lugar a un paisaje más pantanoso.

 

 

Las orillas están protegidas por largos troncos que flotan sujetos por cadenas y postes anclados en el fondo como barreras entre la parte navegable y la parte pantanosa del rio.

Evitan que el oleaje creado por las barcas interrumpe en el espacio natural y salvaje detrás de las barreras. Un espacio que está bien aprovechado por la fauna autóctona. El Castor con sus imponentes construcciones y un poco más adelante una pareja de cisnes. Sin hacer ruido dejo que la piragua se acerca despacio al lugar donde los dos vigilan la crianza. Un espectáculo hermoso, sin duda la guinda de la ruta de hoy. La Paz y la fuerte cercanía de la naturaleza, la grandeza del paisaje visto des del agua. Es otro mundo maravilloso a descubrir y disfrutar.

Pleno de sensaciones hermosas doy la vuelta, aún me quedan horas para llegar donde empecé la aventura esta mañana. Pero no tengo prisa y sé que voy a llegar al final de mi tour con una sonrisa hasta las orejas.

¿Te gustaría vivir y compartir una experiencia así?

 ¡No te lo pienses, será un placer guiarte!

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Hasta pronto vuestro